La mujer pobre en Venezuela: entre la especulación y la confianza

Dos mujeres cosiendo en un interior. Camille Pizarro, 1853. Dibujo tinta, grafito sobre papel. 18 x 27 cm. Galería de Arte Nacional, Caracas, Venezuela. Patrimonio de la Humanidad.

Dos mujeres cosiendo en un interior. Camille Pizarro, 1853. Dibujo tinta, grafito sobre papel. 18 x 27 cm. Galería de Arte Nacional, Caracas, Venezuela. Patrimonio de la Humanidad.

Abstract: In Venezuela extreme poverty has been feminized. For every 100 poor men there are 113 poor women. A considerable percentage of women are suffering of extreme poverty and even though the government had created missions like Madres del Barrio and Hijos de Venezuela that had beneficiated more than a million of them, the actual situation of the economy, makes us speculate that this situation is relative and has changed for the worst. However, there is hope that thanks to their innate drive and resilience to live through adversity some of them will overcome it.

En 1956, mi abuela materna en sus casi 40 años se encontraba en Caracas venida del campo con mi abuelo, mecánico de maquinaria petrolera. Mi abuela tenía 9 hijos y una educación que no pasaba del sexto grado de primaria. Era mantenida por mi abuelo, pero se vio en la necesidad de trabajar porque éste la abandonó por otra mujer, sin dejar rastro. En ese período, salió a vender empanadas a la calle viviendo arrimada en casa de parientes en un barrio pobre. Mi madre, la tercera de sus hijos, dejó sus estudios escolares para atender y criar a sus hermanas más pequeñas por casi 3 años. Durante ese tiempo, mamá cuenta que sólo se alimentaban de “funche” (una suerte de polenta criolla) con sardinas y desde ese entonces no pudo por muchos años comerlas. Mi abuelo así como se fue, un día regresó como si nada. Quizás más por necesidad que otra cosa, mi abuela aceptó su llegada y así mi mamá pudo completar su bachillerato en Trabajo Social. Luego, entró becada a la Universidad Central de Venezuela donde completó la licenciatura de esa materia. Mi madre caminaba media ciudad para no gastar en transporte y darle todo el dinero de la beca a mi abuela que aún pasaba trabajos. Todos mis tíos cursaron educación superior, y la mayoría sacaron títulos universitarios incluyendo estudios de postgrado. Para ese entonces había caído la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y la Constitución Nacional de 1961 había decretado la educación gratuita en todos los niveles. Ello facilitó que el sacrificio de muchas madres de ese entonces se viera recompensado con el ascenso socioeconómico de sus hijos gracias a una buena preparación profesional.

En Venezuela se estima que la situación de pobreza extrema se ha feminizado y que por cada 100 hombre pobres hay 113 mujeres pobres (Instituto Nacional de Estadística [INE], Boletín de Indicadores de Género, octubre 2012). Los números se centran en la situación de jefas de hogar, ya sea que estén solas o con pareja. Muchas madres pobres son venidas del campo y trabajan en la calle informalmente como buhoneras, domésticas, o en oficios de baja remuneración. Otras son descendientes de generaciones que habitan los barrios marginales. La mayoría dependen de familiares para la crianza de sus niños mientras laboran. En todas estas mujeres hay un universo de historias de sufrimiento, sacrificio y trabajo, mas no siempre de superación.

Desde el censo de 1950 (5.034.838 habitantes) hasta el censo del 2011 (28.946.101 habitantes), la población de Venezuela  prácticamente se ha sextuplicado. En ese período a la par de muchos otros aspectos, la educación se deterioró en términos de infraestructura y atención para la demanda. La oferta de trabajo disminuyó, obligando hoy día a casi 50 por ciento de la población activa al trabajo informal. En consecuencia, la pobreza aumentó, aunque en estos últimos 14 años todos los indicativos socioeconómicos han ido mejorando según el INE. 

Con el advenimiento de los gobiernos del presidente Chávez y sus distintas misiones, para muchas mujeres la situación de pobreza mejoró porque tuvieron oportunidad de subsidios y avance educativo a través de “talleres de formación socio-productiva y financiamiento de proyectos que garantizan ingresos permanentes” (Misión Madres del Barrio). La Misión Hijos de Venezuela ha beneficiado a 997.791 personas, y la de Madres del Barrio a 2.162 mujeres durante 2013. Las cifras oficiales son ciertamente alentadoras pero con la situación económica actual del país cabe preguntarse qué tan efectivas en disminuir la pobreza han sido estas misiones, consideradas por muchos analistas como populistas y meros paliativos.

Los salarios han sido golpeados por la inflación de un 54% en lo que va de 2013, provocada en parte por la devaluación del bolívar en el mercado negro. El mercado de divisas paralelo es ilegal pero ha determinado la economía ya que el ente regulador de la entrega de divisas, CADIVI, no tiene disponibilidad suficiente para la demanda de la industria y el comercio. El salario mínimo, que es de Bs. 2.973, equivale a 471,9 dólares calculado al dólar oficial (Bs. 6,3 por 1 US$), pero representa en la actualidad 10 veces menos si atendemos a las cifras que se manejan en el mercado negro (las cuales no podemos mencionar porque es un delito penado con cárcel en Venezuela).  Si tomamos en cuenta este factor, el ingreso de cualquier persona con salario mínimo sería de menos de 50 dólares mensuales, considerado como el ingreso indicativo de pobreza extrema. E incluso, de no tomarlo en cuenta, una inflación de 54% incide en la apreciación y estudio de la pobreza en Venezuela, porque los parámetros para los cálculos de salario mínimo, ingresos, GDP, PIB, etc., y sus posibles proyecciones, terminan siendo irreales.

En estos últimos días, el gobierno ha bajado los precios y establecido márgenes de ganancia para la industria y el comercio por decreto, generándose otra distorsión del paisaje económico. Si bien las mujeres pobres han visto progreso y mejoras en años anteriores gracias a las misiones, podemos especular que debido a la actual economía han experimentado un retroceso en su situación. Pero también podemos confiar en su temple natural y resiliencia. Ellas siempre salen adelante desafiando toda predicción y en algunas instancias afortunadas sacan a sus familias de la pobreza, como ocurrió en el caso de mi abuela.