La realidad de los pobres

Nada me impacta más que los testimonios que leo en las crónicas de sucesos. Hoy he leído el de una señora que perdió a su único hijo en manos del hampa. Una maestra. A esta señora que ha dedicado su vida a educar niños, a llevar una vida honesta dentro de su pobreza el país le paga mal. El país no devuelve bienestar. Los gobiernos que hemos tenido en Venezuela lo que han hecho es dejar desamparada a la gente sin recursos, sin pensiones de vejez decentes, servicios médicos que funcionen a cabalidad, y con una inseguridad galopante que borra cualquier promesa cumplida. Si la gente no se siente segura en su vecindario, su casa, la calle, el trabajo, no puede ser feliz totalmente.

Transcribo las declaraciones de la señora porque lo que dice es la verdad. Esta es la tragedia de la inseguridad que vive el venezolano y que afecta a todos los estamentos de la sociedad nacional. No se exime nadie. Pero el pobre la sufre más porque está completamente desasistido y a manos de las bandas de su barrio.

Ahora ni siquiera los muertos pueden descansar en paz. La gente siente mucho miedo. Se meten en los velorios y acaban hasta con los rosarios.

El ministro dice que la inseguridad ha bajado, pero es bueno que algún día salga a las calles de noche y sin escoltas. La gente vive con mucho miedo. Es terrible vivir así. A partir de las seis de la tarde los vecinos se meten en sus casas y no salen hasta el día siguiente. Mi único hijo me lo mataron, es otro más de la estadística criminal.

Mi hijo Yersin Antonio Montaño Solís estaba desempleado y a veces pensaba que era lo mejor para él. Imaginaba que cuando llegara del trabajo me lo podían matar. La policía llega a la zona cuando ya el mal está hecho, cuando no hay remedio.

La maestra señaló que los detectives que llegaron al barrio para proceder a inspeccionar el cadáver recordaron que durante el asueto de carnaval acudieron al mismo lugar para levantar el cuerpo de un hombre parecido al joven asesinado.

Ese era mi hermano Argenis Antonio Solís, quien también lo mataron los mismos delincuentes. Ese operativo Caracas Segura no ha llegado al barrio ni a tantos otros de Caracas. Es una farsa…

Ahora la gente ya no puede velar a sus muertos. Yo tengo experiencia. He pensado que ya nada me encadena a ese barrio y he pensado mudarme para un lugar más tranquilo.

Todos los fines de semana quedan más familias enlutadas y en este país no pasa nada. No tengo esperanza que el caso de mi hijo sea resuelto porque se trata de un joven pobre. Mañana es posible que digan que fue un ajuste de cuentas y que ese no afecta la seguridad de los ciudadanos.

Yo no quería que saliera a la calle porque eso es muy peligroso. Por ahí hay una invasión donde se esconde mucha gente mala. Mi hijo iba pasando y lo mataron porque no quiso dejarse robar.

Antes la gente acostumbraba a llorar a sus muertos. Ahora la cosa es peor. Ni siquiera tienen esperanzas de que algún cuerpo policial se acerque porque los hacen correr a tiros. Todos los casos quedan impunes. Esa es la realidad de los pobres.

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