La paz relativa II

En un comentario al post anterior me dicen que parte de los deberes de la oposición es hacer ruido, y que no logrará nada quedándose callada. La verdad es que no cuestiono la existencia de la oposición como tal sino el rol que ha jugado hasta ahora que es más reactivo que activo. Incluso la participación estudiantil ha sido un fenómeno reactivo a la constante provocación del gobierno. Aunque ya ha tomado un rol más activo en cuanto a participación y concientización.

La oposición más que hacer ruido debe esgrimir argumentos, con pruebas en caso de acusaciones, y con la cabeza fría. Hay una frase en una de las películas de El Padrino, que me parece que proviene de El Arte de la Guerra que me parece oportuna en este caso… la única manera de vencer a tu enemigo es dejando el odio de lado. Porque el odio nubla la razón. Creo que el gran mal de la oposición es el exceso de emocionalidad, aunque es cierto que es difícil de evadir en la circunstancia de confrontación que se vive día a día en Venezuela.

Chávez dice que quiere paz pero cuando la promueve lo hace en medio de insultos y transmitiendo un mensaje general subyacente a todo lo que dice de “yo no tengo la culpa” de toda la confrontación.

Los venezolanos no responden bien a la imposición ni al autoritarismo, sólo aquellos que desean vivir la quimera de una revolución con visos militaristas. Aquellos que no son la mayoría. La mayoría quería sencillamente un cambio y una mejora en condiciones de vida. No una merengada ideológica que nadie entiende bien ni sabe exactamente de qué se trata por todas las contradicciones en que incurre el gobierno entre lo que dice y hace. Chávez no quiere una Venezuela nueva ni exitosa ni un venezolano mejor y exitoso, su discurso no habla del progreso del país sino de un proyecto ideológico continental del cuál es autor y autoridad. Venezuela está en segundo plano.

Los enemigos son el imperio y sus lacayos, no nuestros malos hábitos y cultura de nuevo riquismo y corrupción, la lucha es para defenderlo a él y su proyecto, no para mejorar la calidad de vida de los venezolanos brindándoles oportunidades con qué mejorarse, no sólo a través de educación y servicios de salud sino con oportunidades de trabajo y de generación de negocios, pero esta última está fuera de discusión por ser capitalista. El lucro es considerado perverso para el pueblo pero no para sus principales colaboradores, que se rumorea, exhiben más riqueza de la posible con sus salarios.

Esta no es una revolución humanista, donde la diversidad y las libertades serán maximizadas sin cortapisas. Esta revolución habla de libertad y participación dentro de una organización vertical restringida por una ideología. Fuera de ella no habrá libertad, y dentro de ella se cuestiona la disensión.

En fin, hay una serie de contradicciones entre lo que dice y hace el gobierno que sí son importantes de resaltar por la oposición pero con argumentos sólidos, con pruebas si se esgrimen acusaciones, y dejando de lado la emocionalidad gratuita que no hace sino ahondar las divisiones y la confrontación.

Por otra parte la elección de Hugo Chávez como presidente de la república es responsabilidad de los venezolanos. Hayamos votado o no por él, es nuestra responsabilidad el que esté en el poder, así también la falta de representatividad en la Asamblea Nacional, en las gobernaciones y alcaldías. La ayuda no vendrá de “afuera”. No hay nadie que pueda ayudarnos sino nosotros mismos. Rechazo por completo esa noción de la ayuda de “afuera”, porque si estamos en desacuerdo con el intervencionismo de Chávez en materias de otras naciones no podemos condonar la intervención de nadie foráneo al país en nuestros asuntos.

Hace unos años atrás gracias a la intervención de un comité de “notables” de nuestro país se lograron cambios fundamentales como la elección uninominal en las votaciones al congreso, gobernaciones y alcaldías. Esos “notables” tenían tal peso moral en nuestra sociedad que su sola cohesión en un grupo logró la matriz de opinión necesaria para que ese cambio se diera contra todos los pronósticos de la conveniencia partidistas en mantener sus cogollos y prebendas de poder.

Hoy en día no tenemos en la oposición ninguna autoridad moral en sus líderes políticos, no puedo en estos momentos traer ningún nombre a la mente, sólo veo una masa que parece una fiera herida que no termina de restañar sus heridas. Porque la autoridad moral no se ejerce insultando ni a la persona investida como Presidente de la República ni a los miembros de su gobierno aunque ellos se regodeen en hacerlo con la oposición, ni tampoco llamando por los marines, Bush o… Uribe a que nos salven de Chávez. Eso sí es lacayismo.

Ya el chavismo tiene sus propias crisis que enfrentar internamente porque las contradicciones están reventando las costuras. La oposición debiera aprovechar en concentrarse en su propia estructuración coherente, en mantener una posición digna y de orgullo nacional de poder resolver sus propios problemas, más ahora que la popularidad de Chávez ha disminuido y el desencanto ha aumentado tanto desde el 2D.

3 comentarios en “La paz relativa II

  1. Pues debe ser, como tu dices, que mi opinion sobre Chavez y sus idiologias estan cargadas de fuertes emociones, y eso que tengo mas de 3 a~os que no vivo el dia a dia venezolano. Estoy de acuerdo en que la oposicion necesita concentrarse y fortalecerse, buscar solidez interna e integridad, pero y mientras? Volteamos la cara y nos hacemos los desentendidos con las locuras que ocurren? Me parece que hay que hacer ambas cosas, protestar y traer a la atencion publica las inconsistencias e injusticias de este gobierno, asi como tambien buscar una cohesion interna y un plan alternativo para el bien de todos. No creo que podamos ser completamente activos sin reaccionar a las acusaciones y provocaciones que constanmente vivimos. Si, este gobierno es nuestra responsabilidad, hayamos votado o no, pero debemos aprender de los errores y mientras lo hacemos, a mi parecer, necesitamos tanto actuar como reaccionar.

  2. Me parece muy válida tu opinión. Lo que quiero decir, quizás sin éxito, es que la oposición no puede ser sólo de reacción y tampoco irse a los extremos. No creo que beneficie en nada hacerle el juego a Chávez clamando por ayuda del exterior, como tampoco estoy de acuerdo con ello. Creo que la oposición debe consolidarse sí, pero en el “ruido que haga” debe haber sustancia, no sólo insultos y acusaciones sin sustentación porque va en detrimento de la propia oposición, de su credibilidad y eficacia para levantarse con liderazgo. Reaccionar simplemente a todo lo que dice Chávez con emociones y sin raciocinio no lleva a ninguna parte y ciertamente no ganará la confianza de mucha gente que no ve en la oposición ninguna alternativa convincente en sus líderes para un relevo. Por eso sí creo que si no se tiene nada interesante que decir, nada contundente y ni una prueba categórica, mejor es callarse la boca y enfilar las energías a organizarse y consustanciarse con los decepcionados que cada día son más.

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