Anotaciones al borde

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Reflexiones, comentarios al margen de las noticias… Y porque siempre estamos al borde de algo

Sobre el rescate de Ingrid Betancourt y los demás secuestrados

Hay una extraordinaria cantidad de información al respecto en los distintos medios.

Se ha publicado la noticia desnuda así como infinidad de alabanzas al operativo y teorías de la conspiración que buscan descalificar al ejército colombiano y al gobierno de Uribe, cuando en realidad estas últimas lo que consiguen es el efecto contrario. Porque, realmente, en caso de que fuera cierto que se interceptó una liberación por parte de las FARC, éstas quedan todavía peor, porque la inteligencia del ejército colombiano es entonces más afilada de lo que se supondría.

La verdad es que no creo que se haya interceptado ninguna liberación gestionada por los europeos. Quizás estaban incluso involucrados en toda la decepción montada. Tampoco creo que Uribe, cuya vida pública y política ha estado marcada por la muerte de su padre y la manera como se lo entregaron muerto, accedería a pagar ningún dinero.

¿Qué demostró Ingrid Betancourt con sus discursos? Aparte de su felicidad, de su vocación política, por encima de todo su orgullo de ser colombiana.

¿Creen que una ex-candidata presidencial secuestrada y símbolo de lo que amenaza a la democracia colombiana en estos años iba a decir nada en contra de su país y su gobierno? Si hay algo que tienen los colombianos es orgullo por su nacionalidad y con una vocación democrática más acentuada todavía gracias a las acciones criminales de la guerrilla que ha deshonrado hace tiempo los ideales que la vieron nacer.

Me alegro por Colombia, que le ha dado otro jaque a las FARC. Las FARC han sido burladas y expuesto a los ojos del mundo como lo que han decidido ser, una organización sin legitimidad completamente alejada de ningún humanismo.

Ahora se entiende porqué Uribe sacó a Chávez del juego diplomático para una liberación. Independientemente de que Uribe nos guste o no, hay que reconocerle la genialidad de ajedrecista con la que ha movido las piezas para anotarse otro triunfo. La indiferencia ante los ataques e insultos de Chávez, e incluso a la fulana amenaza de guerra. Esto hace preguntarme que tan buenos son los servicios de inteligencia del gobierno venezolano. Esto agarró fuera de base completamente a nuestros “revolucionarios” de salón. Y ahí andan echando espuma por la boca porque Betancourt obvió en alabanzas a Chávez, y posiblemente asustados, porque quizás ella sabe cuánto anda involucrado nuestro presidente con las FARC, luego de tantos años de vivir entre ellos y sin esperanza de una liberación.

Ahora, la imagen de fragilidad expuesta en el famoso video, no tiene nada que ver con esa Ingrid completamente entera, con rosario amarrado en la muñeca, con dominio escénico y político que vimos en estos días. Dicen que lo que no te mata, te hace más fuerte. Esta Ingrid salió repotenciada de la selva. Dudo que no la volvamos a ver en la arena política más combativa que nunca.

Reflexiones al margen

No es secreto que entre Colombia y Venezuela siempre ha habido roña, resentimiento y mutuas envidias; desde tiempos de Bolívar y Santander arrastramos una rivalidad, desde mi punto de vista, sin sentido. Porque al final nos parecemos más entre nosotros que con los demás países del continente de América.

Luego de esta operación militar fraguada en seis meses, me pregunto si de verdad teníamos chance en una guerra con el país vecino, cuyo llamado bravucón se gestó en televisión en cosa de minutos, y para la cual la movilización de nuestras fuerzas apenas se inició días después… Con el perdón de los pocos militares dignos y patriotas que aún tenemos, no puedo sino dudar de nuestra capacidad militar. No son los aviones o tanques los que hacen la guerra sino la valentía del soldado entrenado, la jerarquía inteligente. Sobre todo la del Comandante en jefe, quien no pudo ni siquiera sacar adelante militarmente dos intentos de golpes de estado. Hoy glorificados, pero que fueron fracasos continuados en esta nueva república que en vez de observar el florecimiento de una nueva Venezuela -ofrecida como promesa- lo que ha logrado es su decadencia física y moral, y el desmantelamiento progresivo de una de las industrias petroleras más modernas del mundo dejándola, a decir de ejecutivos de Petrobras “cien años atrás” -qué rabia e impotencia me dió hace poco oírles decir esto, con toda la arrogancia del mundo, en un documental de Al Jazeera.

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De los artículos de opinión publicados me gustó este de Patricia Poleo.

Aquí la lista de golpes a las FARC dados en los últimos meses.

Aquí la biografía en español de Ingrid Betancourt, actualizada hasta estos días.

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Exilios, exclusiones y libertad de expresión

El 27 de junio se celebró el Día Nacional del Periodista en Venezuela, inaugurando una nueva directiva del Colegio Nacional del Periodista y en medio del desarrollo del caso de asesinato del periodista de televisión, Javier García. Hoy leo en la columna de Patricia Poleo publicada en el portal de noticias24.com, que las circunstancias del crimen son un montaje del gobierno. El horror del crimen en cuestión se ha visto enlodado por insinuaciones homofóbicas de parte de las autoridades, y por la difusión de fotos del cuerpo de García bañado en sangre que fueron difundidas por correos electrónicos y algunos blogs. A raíz de la publicación  de las fotos en su medio, un bloguero -Luis A. López-, se ha visto perseguido por las autoridades. No comparto el criterio que tuvo este bloguero en publicar las fotos. Me parece una falta de respeto a la familia de García e incluso indecente, pero no veo la razón de acoso a este señor y sus familiares. Hasta donde entiendo, López no cometió un delito. Si no es así, corríjanme. En principio estaría en derecho de publicar unas fotos que recibió por internet, posiblemente enviada por quienes estuvieron levantando la escena del crimen y luego reenviada por terceros.

Todos estos hechos, más la lectura de dos artículos publicados en estos días en la prensa por Carlos Blanco y Tulio Hernández, así como un par de post sobre el día del periodista (Jeanfreddy y Ray Escobar vía Enigma Express), me han hecho pensar sobre el estado no sólo del periodismo en Venezuela sino de acá, de esta pequeña comunidad de blogueros, que tendemos a llamarnos periodistas ciudadanos.

He visitado algunos blogs a ver si hay alguna solidaridad con López. No la encuentro. ¿Es justo dejar a este bloguero solo en lo que le está pasando porque publicó las fotos del colega muerto y porque eso “ofende” nuestro sentido de lo correcto o lo decente? ¿Desde cuando el periodismo en Venezuela es tan inocente? ¿Desde cuando lo es la blogósfera criolla? A lo mejor no con fotos, pero sí defenestramos con palabras, con insultos y sarcasmos todo con lo que no estamos de acuerdo. Especialmente en la arena política. Y el caso de García está entrando en ella, cuando se persigue a un periodista que denuncia sobre otros temas, con la excusa de dichas fotos.

La defensa de la libertad de expresión no puede ser selectiva. Nos puede disgustar, nos puede parecer indecente en algunos casos su uso o abuso. Pero ahí está el quid de la cuestión. La libertad no es bonita, como no lo es la realidad.

El artículo de Carlos Blanco habla de los exilios que se producen por la famosas listas del gobierno, por las exclusiones. Más peligrosas son las autoexclusiones a las que nos sometemos por miedo o falta de compromiso con nosotros mismos. ¿Es este silencio en la blogósfera ante lo que le pasa al bloguero Luis López una autoexclusión? ¿Hasta dónde llega nuestro compromiso con la libertad de expresión? ¿Sólo hasta dónde nos conviene y nos place dentro de nuestro concepto personal de libertad bonita y escrupulosa?

El artículo de Tulio Hernández alude a la doble moral con la homosexualidad. Parte de mucha de la “protección” al abordar el tema del asesinato de García, tiene que ver con que aparentemente era homosexual. Pero Patricia Poleo insinúa que no, que todo el crímen es producto de un macabro “montaje” para “desprestigiar” a García. Si no hay problema con que una persona sea homosexual para todos los políticamente correctos escritores, no hay nada que desprestigiar y mucho menos que estigmatizar. ¿Hubiera sido diferente si el asesinato lo hubiera cometido una mujer? ¿Hubiera sido menos terrible para su familia y amigos? Quizás sí. La familia no hubiera tenido que tolerar tanta homofobia manifestada en mensajes de odio y lástima a través de comentarios en blogs y portales de noticias, ni la de los personeros de las autoridades.

Quizás Luis A. López solo quería más tráfico en su sitio. En una entrada excelente El morbo ciber-no-ético de las fotos de Javier García, Luis Carlos de Periodismo de Paz analiza las estadísticas de tráfico que generó la noticia de la muerte de Javier García en algunos blogs venezolanos y reflexiona sobre el comportamiento de los internautas ante hechos de sangre reseñados en la red, así como reseña el activismo generado para animar -o “cayapear” (?)- a blogueros que publicaron las fotos a retirarlas de sus sitios.

Todo esto me ha hecho recordar una anécdota que le escuché a un famoso cronista nuestro, de cuando cubría la fuente de sucesos durante los inicios de nuestro periodismo moderno. De cómo para tomar la foto de un suicidio por ahorcamiento, él y el fotógrafo, decidieron sacar la lengua del sujeto antes de que llegara la policía. Lo hicieron para darle mayor impacto a la imagen que acompañaría la nota. Señaló que en ese entonces no se hablaba tanto de ética y que por supuesto sabía hoy día que lo que hicieron no era correcto… lo de sacarle la lengua al sujeto.

Si el periodista debe decir la verdad y presentarla como es, los límites de lo que es correcto o no se pueden perder de vista. Moral o éticamente. La libertad de expresión no es correcta ni incorrecta, ni moral o ética. Lo es el cómo la ejercemos. Es en esta encrucijada en donde tenemos que determinar cómo son nuestros compromisos con ella. Si condicionados o irrestrictos.

Actualización importante

Gracias a los comentarios de Enigma Express me entero de una nota de Patricia Poleo sobre los antecedentes del bloguero Luis A. López, nombre alias de Jorge Castro. En la nota se exponen los antecedentes criminales del susodicho. Así que se me cae el argumento de esta nota, si está siendo buscado por haber cometido un delito al publicar las fotos aunque las haya retirado luego. Reitero que estoy en desacuerdo con que se hayan publicado, pero me molesta nuestro doble estándar de defender la libertad de expresión sólo cuando nos conviene o no ofende nuestra sensibilidad. Las fotos no dejan de ser parte de la verdad, pero no aportan nada a la información periodística y son una falta de respeto a la familia de García, tal y como dice Ray Escobar en su post de hoy. Pero el acoso y hostigamiento a cualquier periodista por ejercer su derecho a la libertad de expresión no se puede ignorar. Aparentemente en este caso, no está claro de que sea esta la causa. Veremos como evoluciona todo este asunto de Luis A. López.

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