Anotaciones al borde

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Reflexiones, comentarios al margen de las noticias… Y porque siempre estamos al borde de algo

El Sambil de La Candelaria: ¿juego trancado?

El Sambil de La Candelaria se ha convertido de alguna forma en emblema del choque de valores entre presidencia y ciudadanía. A pesar de los esfuerzos del presidente, la gente se resiste a renunciar a la propiedad privada como derecho, al comercio como forma de ganarse la vida. Y la seguridad para el esparcimiento de alguna manera incrementada dentro de un centro comercial, también es negada. ¿Quién será el que empuje más fuerte? El asunto no se ha resuelto en más de un año y es porque la gente ha manifestado que NO quiere lo que el presidente quiere en este caso. ¿Qué tan difícil de entender es eso? ¿No es un presidente el gestor de la voluntad del pueblo? A Chávez se le ha olvidado su misión como presidente y que no es sino un empleado del pueblo, no su rector.

El pueblo alrededor del centro comercial recogió más de 11 mil firmas para evitar que se convirtiera en un elefante blanco del gobierno. Una estructura arquitectónica destinada a centro comercial no se puede convertir de la noche a la mañana en hospital o universidad sin un considerable gasto para el estado. Inexplicable que se quiera expropiar el Sambil de La Candelaria, pero que la torre de lo que iba ser el World Trade Center de Caracas permanezca abandonada y sin utilizar a pocos metros del centro comercial.

Ahora se le quiere constituir en un centro de comercio socialista o algo por el estilo. Los vecinos están hartos y más que nada lo que desean es una solución. Cualquiera, pero una solución. Parece que es así como gana Chávez sus batallas. Extenúa al “enemigo” con su “guerra” sicológica, llena de angustia a la gente y no le da respiro. Qué lástima que los vecinos de La Candelaria hayan dejado de pelear por los derechos que consideran pertinentes. Una sensación de invencibilidad es la que está imprimiendo Chávez en la gente y no es así. Como todo en esta vida, su gobierno tendrá final algún día. Seguirá en el poder mientras se le permita, mientras todos se sientan derrotados antes de pelear por sus derechos.

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La democracia roja

Estoy pensando en lo subjetiva que puede ser la percepción… Cómo alguien puede pensar que secuestrar el rectorado de la UCV ayer fue por querer la “paz”… o que cerrar Globovisión por “desestabilizar” no es atentar contra la libertad de expresión… o que la marcha de mañana carece de argumentos… Los 3 sucesos son intentos de represión, son negaciones de la posibilidad de disidencia… Muy democrático todo, según los rojos.

El lingo oficial ofrece un nuevo sinónimo a las palabras protesta y disidencia, ese sinónimo es desestabilización. A veces lo extienden a promoción del magnicidio u odio. Lo interesante es que esa nueva lengua del gobierno encuentra eco en seguidores, supuestamente revolucionarios, que justifican toda represión. Esta es una revolución que, en supuesto, promueve la inclusión, la participación, la discusión abierta de ideas, la democracia. Pero en sus propias filas no se admite, porque quien cuestiona al presidente termina siendo su enemigo. Y el presidente se venga. Expropia, levanta expedientes de corrupción, persigue, amenaza públicamente y en cadena de televisión con ello. Nunca dice “la justicia venezolana te abrirá una investigación”. Él dice “te voy a meter preso” porque la justicia es suya, como por ejemplo en referencia al alcalde Rosales hoy asilado en Perú. Sus acólitos como el alcalde Jorge Rodríguez, dicen “voy a acabar contigo”, en el caso de Nelson Bocaranda. Y así hay citas de Lina Ron, del Comando La Piedrita, etc. Individuos como Aristóbulo Istúriz justifican el proverbial borrado de centenares de miles de votos que eligieron al alcalde metropolitano, como que aquí hay que hacer lo que Chávez dice y si él dice que hay que poner una autoridad por encima del elegido por el pueblo, quitándole además todas sus competencias, que así sea porque él es el comandante de esta revolución…

En mi percepción nada de ello es revolucionario. Ni democrático. Es la vieja, conocida y pasada de moda, autocracia.

Pero lo grave no es que gente en el poder, justifique estas actuaciones como de “defensa” de la revolución. Grave es que amigos, conocidos chavistas a quienes uno profesaba respeto y cariño, lo hagan. ¿Qué les hace percibir estos actos obvios de abuso de poder y autoridad como correctos, adecuados, o justos? ¿Justos además de cual justicia? Realmente no entiendo cómo se pueden justificar. Todo lo achacan a la república anterior y ya van diez años de esta república.  Justifican estos actos y declaraciones como que antes se hacían también. Como si el abuso fuera inevitable porque es cosa de ganadores, de los detentadores de poder, de “gobierno”.

Nunca creí en esta mueca de revolución. Nunca voté por ella tampoco y no tengo eso en mi conciencia. Pero me permití darle el beneficio de la duda. De que sí, a lo mejor sí haría algo por la gente con menos oportunidades. Diez años me ausenté de este país y no veo menos pobres, no veo las universidades mejor, ni los hospitales, ni la seguridad social, ni menos criminalidad, ni violencia, ni más respeto, ni justicia, ni mayores oportunidades para progresar. He visto aquí y allá paliativos, una que otra obra, resultados no mejores, realmente, que los de 2 gobiernos anteriores juntos, y ya. Aquí no hay revolución, señores. Sino una democracia que se tiñó de un sólo color por una mayoría crédula y desesperada desesperanzada. Es posible que esa mayoría ya esté perdiendo su esperanza en este gobierno. La fe por el personaje, aún la mantiene. Veremos cuánto le dura.

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Yo zambo, tú mulato o mestizo o etc. venezolanos al final

En estos días he presenciado distintos discursos de odio. Algunos surgen casi inevitables como cuando gasean, repelen con camiones antimotines y disparan balas de goma a toda una marcha de gente que no hacía sino ejercer su derecho a la protesta además con una muy justificada razón.

Pero a pesar de todo lo que me indignan las acciones del presidente, no puedo estarle llamando “zambo con verruga” (sí, zambo es con zeta no con s), sencillamente porque la raza ni sus mezclas es un argumento válido para descalificar nada. Sólo es válido para descalificar a quién esté en contra de Chávez y use el término, y para justificar con creces a quien esté a favor de él y sea beneficiario como casi toda la población de este país de la mezcla de razas y culturas que hasta hace nada era principal motivo de orgullo.

Los diálogos de odio y sin razón no llevan a nada. Y más si están aderezados por este tipo de ignorancia. Cómo se solventará este odio no lo sé, pero sé que en éste no estoy sumada. Siento que no hay herramientas para el diálogo. Ni siquiera puntos comunes que explorar porque aparentemente las Venezuelas que percibimos son distintas hasta en el color. Aquellos que aluden al tema de la raza quizás piensen que la gente de Barlovento y en general la costa del país vino de turista, o que el llanero no es sino parte del paisaje como si de un decorado se tratara.

El que desee seguir multiplicando la ignorancia que lo haga, pero que sea consciente de que lo que se repite hasta el cansancio se convierte en verdad. Y en este caso, el odio racial puede llegar a convertirse en una verdad para este país dolorosa y absurda. Sin sentido, porque es justamente el componente racial una de las cosas que más lo define y lo enaltece. La capacidad de mezclarnos sin mayores prejuicios no sólo biológicamente sino culturalmente.

Justificar el uso de términos como zambo, mono, niche en vista de la rabia e indignación que sentimos es como justificar un crimen pasional… La maté porque la quería… Ajá. Claro. No eres racista pero llamas al tipo zambo con todo el desprecio del mundo, como si eso fuera razón terminante y única para justificar su desgobierno, su resentimiento, su lenguaje divisor. Olvidamos que para la mitad del país y algo más, él es “amor”, inclusivo y conciliador. Entonces cuál es la inteligencia que aplicamos a la situación. Porqué seguir alimentando la brecha que nos separa en los discursos. ¿O es que de verdad no tenemos inteligencia de ningún tipo y la ignorancia que tantos acusan al “pueblo” que lo sigue de poseer no existe, sino la ignorancia de todo un país, sin distingo de clase social, credo, raza o sexo que se pelea a ver quién la ejerce más?

Cansa oír día tras día este tipo de argumentos racistas. Peor es oír que ¿por qué no, si el mismo Chávez apela a la raza para su discurso? Y esto me descorazona más porque es tratar de apagar el fuego con más fuego.

Escribo esto como reflexión. En un intento quizás vano de que quien lo lea apele a su razón y no lo básico de sus emociones, que aplique una inteligencia emocional mínima para encontrar el camino de vuelta a aquello que nos distinguía como nación, un verdadero crisol de razas y culturas donde blancos, negros, indios, mulatos, mestizos, zambos, semitas, o lo que sean eran venezolanos sin importar nada más.

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